Finlandia es reconocido a nivel mundial por la solidez de su sistema educativo, pero uno de sus mayores aciertos —y menos visibles— se encuentra en la forma en que integró la educación financiera como una competencia esencial para la vida. En el contexto de la puesta en marcha de la Estrategia Nacional de Educación Financiera en México, el modelo finlandés ofrece referentes valiosos para reflexionar y aprender.

Aunque se trata de realidades geográficas, culturales y económicas distintas, la experiencia de Finlandia demuestra que la educación financiera puede convertirse en una política pública de largo plazo, con impacto directo en el bienestar social. Los resultados respaldan este enfoque: el país nórdico se ubicó entre los primeros lugares en alfabetización financiera en evaluaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), tanto en población adulta como en estudiantes.
Uno de los elementos más relevantes del modelo finlandés es que la educación financiera no se imparte como una asignatura aislada. Desde hace años, los contenidos relacionados con el manejo del dinero se integran de manera transversal en distintas materias, lo que permite que niños y jóvenes comprendan estos conceptos en situaciones cotidianas y reales.

Un esfuerzo compartido entre escuela, instituciones y Estado
La estrategia finlandesa se apoya en una participación activa de múltiples actores. De acuerdo con estudios recientes, la colaboración entre instituciones educativas, organizaciones civiles y entidades públicas fue determinante para fortalecer las competencias financieras de la población.
Organizaciones como Finance Finland contribuyeron con materiales didácticos para las escuelas y con talleres gratuitos sobre temas como seguros y finanzas personales. A este esfuerzo se suma el Banco de Finlandia, que diseñó e implementó una estrategia nacional de alfabetización financiera en 2022, además de impulsar espacios de divulgación como el centro de educación financiera ubicado en su museo.

Esta coordinación institucional permitió que la educación financiera trascienda el aula y se convierta en una herramienta accesible para distintos sectores de la población.
Educación financiera como proyecto de vida
La meta del modelo finlandés es clara y ambiciosa: convertir a sus ciudadanos en los más alfabetizados financieramente del mundo para el año 2030. Para lograrlo, la estrategia se basa en una visión integral que entiende la educación financiera como un componente del bienestar nacional.
Especialistas en educación financiera destacan que este enfoque no se limita a enseñar a ahorrar o invertir, sino que busca fomentar una forma de pensar más consciente, planificada y responsable frente a las decisiones económicas.

El modelo se estructura en tres dimensiones clave: conocimiento, comportamiento y actitud. Estas se desarrollan en distintos niveles de competencia —básico, intermedio y avanzado— y abarcan áreas como el gasto cotidiano, el ahorro, el endeudamiento, la inversión, los seguros y las pensiones. El objetivo es que cada persona avance progresivamente a lo largo de su vida.
A diferencia de otros sistemas, la estrategia finlandesa concibe el aprendizaje financiero como un proceso continuo. Inicia en la infancia, se refuerza en la vida adulta a través de empresas, sindicatos y servicios sociales, y se mantiene durante la vejez para apoyar la gestión de pensiones y la prevención de fraudes.
Un enfoque que reduce desigualdades
La alfabetización financiera es entendida en Finlandia como una herramienta de inclusión social. Diversos análisis señalan que mejorar las competencias financieras contribuye a reducir la desigualdad, prevenir el sobreendeudamiento y fortalecer la resiliencia de los hogares frente a crisis económicas.
El modelo también incorpora mecanismos de evaluación permanente, investigación especializada y financiamiento público sostenido, elementos clave para garantizar su efectividad en un entorno económico cada vez más digitalizado.
Para México, que avanza en la construcción de una estrategia nacional en esta materia, el caso finlandés muestra que la educación financiera puede ir más allá de campañas informativas y convertirse en una política de Estado con impacto a largo plazo.