El sarampión no es una enfermedad del pasado. Su alta capacidad de contagio lo mantiene como un riesgo sanitario vigente: una persona infectada puede transmitir el virus hasta a 16 más y dejarlo suspendido en el aire o en superficies durante dos horas después de abandonar un espacio.
Ante el brote que enfrenta México, la Secretaría de Salud reiteró el llamado a la vacunación. De 2025 al 11 de febrero se registraron 9 mil 74 contagios, y alrededor del 90% de los casos corresponde a personas sin esquema de vacunación completo.

Más allá del salpullido: las complicaciones
El síntoma más conocido del sarampión es el característico salpullido rojo que inicia en el rostro y se extiende al resto del cuerpo. Sin embargo, la enfermedad puede evolucionar hacia cuadros graves, especialmente en menores de cinco años, adultos mayores de 20 y personas con el sistema inmunológico debilitado, como pacientes con cáncer, VIH o desnutrición, de acuerdo con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).
Si no se recibe atención médica adecuada, el virus puede provocar:
- Infecciones de oído
- Neumonía
- Diarrea severa
- Deshidratación
- Ceguera
- Encefalitis (inflamación cerebral)
- Amnesia inmunitaria, que debilita la memoria del sistema inmune y aumenta el riesgo de otras infecciones graves

En casos severos, estas complicaciones pueden poner en peligro la vida, particularmente en niños malnutridos o personas inmunodeprimidas.
¿Cómo identificar el sarampión?
El sarampión es una enfermedad viral que se transmite por gotículas expulsadas al toser, estornudar o hablar. Sus primeros síntomas pueden confundirse con los de un resfriado común, pero suelen intensificarse rápidamente.
Entre las señales más frecuentes se encuentran:
- Fiebre alta
- Enrojecimiento ocular
- Congestión nasal
- Tos persistente
- Pequeños puntos blancos dentro de la boca
- Manchas rojas que comienzan en la cara y se extienden al cuerpo

Actualmente no existe un tratamiento específico contra el virus, por lo que la prevención mediante vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar contagios y complicaciones.
La prevención como prioridad
Especialistas subrayan que el sarampión puede prevenirse con esquemas completos de vacunación. En un contexto de movilidad constante y baja cobertura en algunos sectores, la protección colectiva depende de la responsabilidad individual.
Más allá del salpullido visible, el sarampión es una enfermedad que puede dejar secuelas graves. Informarse y vacunarse continúa siendo la mejor defensa frente a un virus que, pese a los avances médicos, sigue representando un desafío para la salud pública.