A unos días del 8 de marzo, día internacional de la Mujer, en Puebla —como en todo el país— se alzarán voces para exigir justicia, seguridad e igualdad. Es una fecha que recuerda las deudas pendientes y las realidades que aún duelen. Pero también es una oportunidad para mirar de cerca a las mujeres que, desde lo cotidiano, sostienen y transforman su entorno con una fuerza silenciosa que inspira.
En cada colonia, mercado, taller o escuela, hay mujeres que no aparecen en titulares, pero que todos los días construyen comunidad. Son vendedoras, madres trabajadoras, artesanas, maestras, emprendedoras o vecinas solidarias. Ordinarias en su rutina, extraordinarias en su constancia.

Manos que sostienen tradición y economía
En espacios emblemáticos como el mercado de La Victoria o El Parián, mujeres artesanas y comerciantes levantan sus puestos desde antes del amanecer. Entre piezas de talavera, textiles bordados y mole poblano, no solo venden productos: preservan identidad y tradición.
Enfrentan inflación, competencia y jornadas extensas, pero mantienen abiertos sus negocios con dignidad. Su resiliencia no se proclama; se demuestra en cada día trabajado, en cada consejo compartido entre compañeras y en cada hijo educado con el ejemplo del esfuerzo honesto.

Emprender para salir adelante
Tras los años difíciles que dejó la pandemia, muchas poblanas reinventaron su camino. Desde servicios a domicilio hasta pequeños negocios familiares, mujeres transformaron sus hogares en espacios productivos. Pasear perros, preparar alimentos, vender productos locales o brindar servicios especializados se convirtió en una forma de sostener ingresos y fortalecer la economía local.
No se definen por la adversidad, sino por su capacidad de adaptación y perseverancia.

Orgullo, comunidad y sororidad
En comunidades de la Sierra Norte y en los alrededores de Cholula, mujeres indígenas preservan saberes ancestrales mientras participan activamente en la vida económica y social. Tejen huipiles, cultivan hierbas medicinales y se organizan en colectivos que fortalecen la autonomía comunitaria.
La sororidad se vive en redes de apoyo, en el cuidado mutuo y en la transmisión de conocimientos. Es una solidaridad práctica, cotidiana, que no busca reconocimiento, pero que sostiene estructuras familiares y sociales enteras.

Reconocer sin romantizar
Esta mirada no pretende idealizar la lucha diaria, que muchas veces es dura e invisible. Reconoce, sí, que la fuerza femenina en Puebla también se expresa en la constancia, en el cariño y en la solidaridad que fluyen en los actos más simples.
Antes de las marchas y las consignas, hay un ejército silencioso de mujeres que inspira desde su rutina: preparando alimentos, educando, acompañando, emprendiendo, organizando.

A días del 8M, celebremos también a estas mujeres vivas, activas y orgullosas de ser poblanas. Porque la sororidad no solo se manifiesta en las calles; se construye en cada gesto de apoyo, en cada esfuerzo diario y en cada paso que abre camino para otras.
En Puebla, las mujeres no solo resisten: crean, sostienen e inspiran.
