El consumo privado en México mostró una clara desaceleración hacia el cierre de 2025, luego del repunte registrado en octubre, de acuerdo con la estimación oportuna publicada por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) para los últimos dos meses del año.
Según el Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP), en noviembre y diciembre el gasto de los hogares en bienes y servicios avanzó apenas 0.1% mensual en cada periodo, confirmando un cierre de año marcado por mayor cautela en el consumo, tras el crecimiento de 0.8% observado en octubre, que en su momento superó ampliamente la estimación inicial del propio indicador.

En términos anuales, el consumo privado mantuvo tasas de crecimiento relativamente elevadas, impulsadas por una base de comparación débil. Durante el segundo semestre de 2024, el indicador acumuló una caída de 1.6%, lo que derivó en variaciones interanuales de 3.6% en noviembre y 4.9% en diciembre de 2025, de acuerdo con las cifras del Inegi.
El IOCP es una estimación econométrica adelantada del Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP), diseñada para ofrecer señales tempranas sobre la evolución del gasto de los hogares. Mientras que el IMCP se publica aproximadamente nueve semanas después del mes de referencia, el IOCP difunde una primera estimación a las dos semanas y una segunda, más precisa, a las seis semanas.

El Inegi publicará el dato definitivo del IMCP correspondiente a noviembre el próximo 5 de febrero.
En el balance anual, el consumo privado mostró una desaceleración significativa a lo largo de 2025. En el periodo de enero a octubre, el crecimiento acumulado fue de apenas 0.4%, muy por debajo del avance de 3.3% registrado en el mismo lapso de 2024.
Este menor dinamismo se dio en un entorno de elevada incertidumbre económica, asociado tanto al giro en la política comercial de Estados Unidos como a la implementación de diversas reformas internas —en los ámbitos judicial, energético y regulatorio—, cuyos efectos sobre el clima de inversión y negocios comenzaron a reflejarse en las decisiones de consumo y empleo.

Dichos factores contribuyeron a una moderación del mercado laboral y a un deterioro gradual en la confianza de los consumidores. No obstante, el impacto fue parcialmente compensado por la recuperación del salario real y por el incremento de las transferencias gubernamentales a través de programas sociales.
Gracias a estos elementos, el consumo privado logró mantenerse en terreno positivo, a diferencia de la inversión fija bruta —el otro componente relevante de la demanda agregada—, que hasta octubre de 2025 acumuló una contracción de 7.4%, profundizando la brecha entre ambos motores de la actividad económica.